Estamos acostumbrados a ver las tinajas como un elemento más de nuestras bodegas y pueblos. Lo que antes fue un elemento indispensable para la elaboración de nuestros vinos de pitarra, ahora, con el endurecimiento de la legislación de producción y venta de caldos, se está convirtiendo poco a poco en un elemento decorativo de gran valor. Pero la pregunta que te hacemos es: ¿cuánto sabes del origen de este tipo de elementos?
Las tinajas, un elemento de nuestra cultura
La tinaja es un recipiente de barro con forma de vasija de perfil ovalado, boca y pie estrechos y por lo general sin asas, es uno de los contenedores antiguos más característicos de la humanidad y a través de las diferentes culturas que han tratado su diseño y sus decoraciones se puede mostrar una evolución de su funcionalidad. La tinaja grande, también llamada tinajón, más profunda y panzuda, se ha utilizado tradicionalmente para almacenar vino, y los ejemplares medianos para aceite y granos de cereal.
La tinaja ha llegado a usarse en algunas culturas incluso como lugar de enterramiento, ocurre en la cultura argárica y en otras manifestaciones culturales asociadas a los campos de urnas (aunque más que tinajas, deberíamos considerarlas como recipientes cerámicos), donde se situaba el cuerpo del fallecido en el interior junto a un ajuar funerario con objetos de carácter votivo y funcional para que el individuo pudiera valerse de ellos en la otra vida y se añadía tierra como un ritual de vuelta a la misma.
La industria tinajera es heredada en la península de la cultura griega y aunque se dan ejemplos anteriores será con el imperio romano cuando se multipliquen los diferentes diseños para contener los tres productos en los que el imperio basaba su economía; la llamada triada mediterránea: vino, aceite y cereal.
En la mayoría de las tinajas se dan las marcas de alfarería realizadas mediante sello o directamente a mano con un pequeño palo o clavo. Señalaban quien había sido el maestro alfarero que había realizado la pieza, su taller o incluso en grandes series se encontraba su numeración, son los llamados cuños o firmas que tenían un valor mercantil y normalmente eran impulsadas por los propios gremios alfareros para controlar la producción y calidad de la tinajería. Otro método distintivo habitual en los hornos comunales era la «marca de alfarero», signos siempre sencillos con marcas básicas para identificar al propietario.
En Extremadura se crea un foco de tinajería tradicional con puntos de fabricación importantes como Torrejoncillo, Torre de Santa María y Arroyomolinos de Montánchez. Algunos de estos centros evolucionaron desde la creación de tinajas para uso industrial o convencional hacia las de uso decorativo, recuperando así tradiciones y cultura de la zona.
Históricamente con una fuerte producción en los grandes hornos castellano-manchegos de la época se fabricaron las tinajas más grandes, las llamadas “gigantas de barro”, con una capacidad de hasta quinientas arrobas (poseían una capacidad de aproximada de 5.750 kg.), las cuales llegaban a necesitar en su proceso de fabricación hasta nueve meses de trabajo. Se iniciaban en el “cuarto del obrador”, donde el tinajero comenzaba torneando la talla, el barro necesario para hacer el fondo de la tinaja, sobre unas banquetas (trípodes de madera de chopo). Sobre esta tapa, el artesano, tiraba del rollo de barro que tiene sobre la espalda, e iba urdiendo (denominado también “echar caminos”), es decir superponiendo y emparejando los rollos. Unía las vueltas que se superponían con la arañera (peine metálico), controlando el grosor con los dedos, la paleta y el mazo: unos ocho centímetros que tras la “cochura” (tras cocerse) se quedarán en cinco o seis. Cuando la tinaja alcanzaba cierta altura se montaba un andamio para continuar “subiéndola”. Para terminar, se aboquicerraba la tinaja.
Si quieres saber más, puedes acercarte a nuestro Centro de Interpretación del Aceite y el Vino, en Hernán-Pérez, donde puedes ver algunas de las tinajas que se han usado en la villa para contener diferentes productos, principalmente nuestros vinos de pitarra, de gran calidad y muy valorados en Extremadura.
Por: David Tello.







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