La Sierra de Gata enclavada en las estribaciones del Sistema Central conserva una fisonomía urbana de gran tipismo y muy atractiva formada por viviendas de estructura entramada, laberínticas,de túneles y pasadizos con calles estrechas por las que en alguno de nuestros pueblos como San Martín de Trevejo o Cadalso aún circulan regueros de agua cristalina.

Una arquitectura muy variada palaciega y castrense con trazas de origen medieval en la que cobran especial protagonismo los rollos como los de Santibáñez el Alto, Valverde del Fresno o Torre de Don Miguel. Los rollos simbolizaban la libertad que adquirían las villas convertidas en tales al independizarse en este caso de Santibañez el Alto. Esta libertad era la que les permitía utilizando a sus propias autoridades juzgar las causas civiles y penales dentro de su término. En otras ocasiones el rollo compartía con la picota la función de ajusticiamiento ya que servía para castigar y hacer pagar las penas menores de los delincuentes comunes, que tras ser azotados eran expuestos para la vergüenza pública.

En cuanto a los cruceros están realizados generalmente en granito y dado su carácter religioso es muy común contemplarlos emplazados cerca de las iglesias o las ermitas. Están formados por dos peldaños o un  pedestal y con  fuste rematado en cruz, son especialmente destacados los de Hoyos o el de Villamiel como vestigios de un pasado en el que el fervor  religioso ocupaba todos los aspectos de la vida de los individuos. La arquitectura civil responde a una tipología variada en lo que respecta al uso de los materiales ya que todo dependía de la abundancia de los recursos de los que se disponía y del nivel económico del núcleo urbano, de ahí la existencia de grandes casas solariegas construidas en granito que contrastan con las de adobe o tapial de las zonas más pobres

Pasear por las calles serragatinas es sumergirse en calles estrechas atravesadas por pasadizos con casas de fachadas entramadas y revestidas de azulete con restos de esgrafiados tan destacados como el del Hospital Franciscano en Robledillo de Gata o el de las ventanas de las iglesias de Hernán-Pérez o Villanueva de la Sierra. Calles que esconden preciosas rinconadas decoradas con macetas de geranios y albahaca, bodegas oscuras  que atesoran ricos caldos de pitarra, balconadas de madera que nos recuerdan a las que se abren en las fachadas de los pueblos del norte, reminiscencia quizá de la época de la Reconquista. Es fácil contemplar también piezas de pizarra que sobresalen de las fachadas llamadas fresqueras y que servían de apoyo para mantener fría la leche durante la noche.

Pero no sólo el granito, la pizarra o el adobe forman parte de esta arquitectura rural ni tampoco son las huellas del Medievo las únicas que permanecen entre los recodos de sus calles. También la modernización y la llegada de los colonos ha marcado una fisonomía muy particular en la comarca. La Moheda y sobre todo Vegaviana en la vega del río Árrago, son dos claros ejemplos de una arquitectura colonial muy característica nacida con los planes de regadío de mediados del siglo XX. Las escuelas capilla formaban un conjunto de iglesia, escuela y vivienda que se construyeron  para escolarizar a los hijos de los colonos que vivían en el campo y aunque el paso del tiempo ha provocado en ellas un serio deterioro, algunas permanecen habitadas y conservan ciertos  elementos originales destacando como muy identificativo del urbanismo colonial  una vegetación espontánea con plantas silvestres, y acebuches en torno a la cual nace la planificacion de las calles y el alzado de las  casas todo ello salpicado por originales fuentes y abrevaderos.

Una buena combinación la del urbanismo serragatino: medievalismo y modernismo,. adobe y granito, retazos de historia escondidos entre callejuelas oscuras con balconadas salpicadas de geranios, huellas del judaismo como las del barrio de Acebo o  arquitectura clerical representantada en iglesias y capillas de gran relevancia.

Un urbanismo que no por menos ha sido declarado Bien de Interés Cultural en algunas localidades como la de Hoyos, Robledillo de Gata, San Martín de Trevejo o Gata sin olvidarnos del gran conjunto agropecuario de los Pajares que se extiende a lo largo de la dehesa boyal de Santibáñez el Alto, un área protegida formada por más de un centenar de edificaciones cuyo destino era el de servir de pajares, almacén de aperos o establos y que aún permanece en uso, un conjunto salpicado de acebuches y un arbolado autóctono que en alguno de los casos ha sido datado con una antigüedad de más de 500 años.

Visitar la comarca es empaparse de buenas sensaciones, saborear buenos caldos y disfrutar de rincones en los que parece que el tiempo se detiene, un entorno urbanístico en el que el silencio sin duda  se convierte en el ingrediente básico para desconectar.