Guadalupe Ordóñez Tello.

Abrir un grifo es un gesto cotidiano y tan familiar que nadie es consciente de ello ya que forma parte de las mil acciones que realizamos a lo largo del día pero hasta hace no demasiado tiempo en nuestros pueblos, el agua no se acumulaba en las cañerías a la espera de que una mano inocente las liberara de su letargo con un simple movimiento de mano en la palanca del grifo, hasta hace bien poco en esa cocinas en las que la formica era un material prácticamente desconocido y cuyo mobiliario se llamaba alacena o silla de enea, el depósito del agua era una tinaja con tapadera y puchero que milagrosamente por efecto del barro mantenía una frescura que ya la quisiera hoy en día nuestros modernos frigoríficos

Mantener la tinaja llena suponía varios viajes al manantío o a las fuentes de la red pública que por suerte y en un gesto de modernidad que ya despuntaba, se habían instalado en nuestras calles formando parte de un mobiliario urbano que aún siendo muy obsoleto empezaba a ser considerado de vital importancia. Y prueba de ello serán las Pragmáticas Reales y los Fueros y Ordenanzas municipales que ya en la Edad Media protegían el espacio en el  que se ubicaban nuestras fuentes llegando a castigar a todo aquel que contribuyera a su deterioro, de ahí que estuviera prohibido bañarse, lavar ropas, pescado u otros enseres, tareas estas que se practicaban bien a la vera de los ríos haciendo uso de la tajuela y el jabón de casa que de manera tan inteligente elaboraban como resultado de la mezcla de sosa y grasa doméstica o de los pilares o lavaderos. Especial castigo recibía todo aquel que llevara sus reses a beber a las fuentes en vez de hacer uso de los abrevaderos.

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La “Fuente Forti” de San Martín de Trevejo. Foto: Inforaya.es

Las fuentes son sin lugar a dudas, centros sociales, lugares de encuentro y de reunión en donde las mujeres pelaban la pava, intercambiaban chascarrillos o se encontraban a hurtadillas con su pareja aprovechando la excusa de abastecerse del agua de sus caños fomentándose así las relaciones sociales pero no sólo las de los lugareños sino también la de los muchos forasteros que haciendo un alto en el camino aprovechaban para saciar su sed.

A pesar de ello eran las mujeres y niñas las más habituales , eran ellas portadoras de los cestos y calderos las que más las frecuentaban cargando al cuadril o en la cabeza con un peso que para muchos hubiera sido considerada tarea de hombres. Buena ayuda era la del rodillo sobre la que descansaba el cántaro y ardúa y digna de un verdadero equilibrista la de mantenerlo en pie sin que se derramara una sola gota. Las fuentes han sido testigos de un tiempo en el que el agua nos hablaba de vida, de quehaceres domésticos, de lavanderas, de ropa que se blanqueaba al sol extendida entre las jaras y de manos rojas que se entumecían con el agua helada del invierno.

Muchas han sido las leyendas que se han fraguado en torno a las fuentes, prueba de ello es la publicación de Don Juan José Camisón (natural de Torre de Don Miguel) El corazón y la espada, leyendas de Torre, en la que aparecen varios relatos que hacen referencia a ellas tales como La fuente del rey o La fuente del MogalTambién es sabido de las propiedades curativas de algunas como es el caso de los Baños de la Cochina  en el término municipal de Villasbuenas de Gata, que remedia  las enfermedades reumáticas y de la piel o la Fuente de la Polvorosa en Santibáñez el Alto.

Fuente de la Calzada del Puerto de Santa Clara, San Martin Trevejo, Extremadura

Aguas cristalinas en Sierra de Gata. Foto: Inforaya.es.

El suministro de agua en las fuentes se mantiene hasta los años setenta, fecha en la que por orden del gobierno se mandan tapar en toda España al ser consideradas como no potables ante la falta del tratamiento por cloro y otros productos. A partir de aquí se inicia una nueva etapa en la que nuestras fuentes empiezan a sufrir las consecuencias del deterioro, soterrándose la mayoría de las veces  o sepultadas entre la maleza o los escombros. En otras ocasiones y ante la falta de sensibilidad por parte de las autoridades competentes no se ha dudado en hacerlas desaparecer concediendo primacía a los proyectos de canalización o de remodelación de calles o plazas.

No obstante y a pesar de lo expuesto todavía son muchas las fuentes que permanecen ocultas entre los berrocales de nuestra sierra, en terreno público y en fincas privadas. Otras muchas sirven de abrevadero como uso cotidiano para el ganado. Construcciones naturales  que se han ganado el derecho otorgado por el tiempo de ser consideradas como verdaderos tesoros de nuestro patrimonio cultural y natural. Aunque Pascual Madoz si hace mención a las distintas fuentes existentes en la Comarca de la Sierra de Gata a las que incluye dentro de las referencias geográficas plasmadas en su Diccionario histórico-geográfico de Extremadura es necesario destacar que estas  referencias resultan  a menudo escasas  e incompletas y a veces no se corresponden con los topónimos actuales.

Es otra asignatura pendiente la que nos queda en lo que se refiere a su recuperacion, olvidarlas sería enterrar todo un legado que conforma un trocito más de la cultura en Sierra de Gata.