Robledillo de Gata representa la tradición y las posibilidades turísticas de Sierra de Gata. En conjunto a pueblos como San Martín de Trevejo, esta pequeño localidad enclavada en el centro del valle del Árrago, junto a Descargamaría y Villanueva de la Sierra, se contrapone en la parte más oriental de la Sierra a la creencia popular de que los rincones más turísticos se encuentran en los valles occidentales. Robledillo de Gata es un pueblo que se ha adaptado a su realidad. La construcción en pizarra de la zona otorga a este pueblo unas características similares a las que podemos apreciar al recorrer las alquerías hurdanas.

Hablar de Robledillo de Gata es hablar de agua, vino y sierra. La situación del pueblo, en la falda de picos de altura destacada en la zona como la Bolla o la Vela hace de él un pueblo de montaña que se enclava gran parte del día en la umbría. Destacan los vinos de la zona, pero además hay que darse cuenta al visitarlo del modelo de cultivo. Ubicadas en bancales a menudo, lucha constante de los labradores para sujetar la tierra y hacerla cultivable, las viñas representan un trabajo añadido, aquí no veremos grandes extensiones de viñedo, ni caldos exclusivos, veremos un vino de montaña, de gran calidad y tradición centenaria que ha pasado de generación en generación a través de las bodegas que prosperaron en Robledillo de Gata, principalmente durante las décadas de los 70, 80 y 90. Hoy por hoy gran parte del vino de la zona ha desaparecido ante las exigencias de las autoridades sanitarias. Aún así, en Robledillo encontramos hoy por hoy algunas de las mejores botellas de vino de pitarra de la zona.

Entre el patrimonio más destacado que se puede encontrar el viajero que decide acercarse a este pueblecito están sus calles, fachadas, callejuelas y túneles que nos remontan casi al tópico más clásico de lo rural. Una aldea romántica y de tipo medieval que se recorre en apenas unas horas y en la que además encontramos edificios como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción que forma “comunión perfecta” con su propio entorno. Recomendamos además la visita al Molino del Medio.

Robledillo de Gata, a las puertas de la Meseta

A través de un camino transitado a lo largo de milenios y que posiblemente fuese utilizado por los pastores que trasladaban sus ganaderías en trashumancia allá por tiempos de lusitanos y vetones para atravesar los duros riscos y el monte cerrado que separa hoy por hoy la meseta castellana de los valles extremeños, los viajeros atravesaban Robledillo de Gata en uno de los pasos fundamentales del norte de Extremadura. El Puerto del Goloso y Puerto Viejo daban paso a lo que posiblemente fuera el primer asentamiento del viejo Robledillo. El topónimo Torrejón, con el que se conoce hoy por hoy la ubicación de lo que antiguamente sería una atalaya de vigilancia, deja constancia del lugar fronterizo que siempre fue Robledillo de Gata, una de las puertas de la alta Extremadura. Si hacemos el camino a la inversa, llegaremos a Martiago, primer pueblo de Castilla y León, continuando el camino llegaremos a Ciudad Rodrigo, si por el contrario nuestra ruta fuese hacia Extremadura, llegaríamos a Plasencia atravesando el término de Hernán-Pérez por el Pradocastaño y que continuaba su ruta por La Reina. Esta ruta, que hoy por hoy es conocida como Camino Ciudad o Camino Real, también se conoce localmente como Camino de Descargamaría.

Tramo de la Vía Dalmacia, calzada romana de Robledillo de Gata

La vía Dalmacia, también llamada Vía de Almazay,  era una de las vías secundarias y el principal enlace comercial del noroeste de la antigua provincia romana de Lusitania.

Se trataba de una vía secundaria que partiendo del Puente de Alconetar en el Tajo unía Coria con Ciudad Rodrigo y Salamanca atravesando la comarca de Sierra de Gata, recorrerla al pasar por Robledillo de Gata se convierte en un placer para los caminantes. En la época otoñal, cuando las hojas de los robles se acumulan sobre ella, el tramo de la Vía Dalmacia en su transcurso por Robledillo de Gata se convierte en una forma de rememorar los antiguos caminos que discurrían por tierras en su mayoría ajenas al paso de la historia. Sobre los montes escarpados de esta localidad se extienden hoy por hoy decenas de miles de hectáreas de monte virgen en el que lobos, corzos, jabalís y gamos conviven entre flora exuberante que recoge obras arquitectónicas perdidas como el Convento de los Ángeles, o antiguos lugares fortificados durante edades antiguas. El tramo de calzada ocupa parte de la actual carretera que sube al Puerto Viejo en el límite con  la provincia de Salamanca y actuó  en época romana como camino subsidiario de la arteria principal comercial del oeste peninsular, la Vía de la Plata.

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Un paso milenario, los pueblos prerromanos ya utilizaron este importante paso. Foto: Inforaya,

Las vías de comunicación servían para establecer el control sobre los territorios conquistados. Durante la época romana se tejieron en la Península más de 300 vías con una extensión que contaba con 11.189 kilómetros, aunque posiblemente fuera mayor.

En cuanto a su construcción el proceso consistía en una primera fase de cimentación o statumem, otra  de arena y gravilla o rodus,  y un revestimiento superior formado  por otra capa de piedras trituradas mezcladas con cal llamado nucleus. Sólo en el caso de las vías principales la estructura se cubría de  un pavimentum o summa crusta formado por piedras talladas.

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Conjunto Histórico-Artístico de Robledillo de Gata

El casco histórico de Robledillo de Gata cuenta con una forma alargada, que se asemeja a un embudo que se estrecha hacia el norte, camino de los montes que separan Extremadura del viejo reino de León. El trazado de las calles es sinuoso y con fuertes cuestas que no dejan de recordarnos que nos encontramos en la falda de una montaña, en ese tipo de aldeas que se han empeñado en arrebatar, bancal a bancal, terreno a la naturaleza más agreste. La estrechez del pueblo y la orografía del terreno, que anima a agudizar el ingenio, generó edificios de diversas alturas que se comunican entre sí en ocasiones, generando túneles y callejones sin salida que hacen de la visita a Robledillo de Gata una jornada para recordar. Las plazas, pequeñas y de tipo irregular salvo en la que preside el ayuntamiento. Los edificios que encontramos, las casas que componen la villa, son un ejemplo perfecto de la economía local; agrícola y ganadera. La construcción es en adobe en la gran mayoría de los casos y es necesario destacar que en la inmensa mayoría de los casos, en Robledillo de Gata se han llevado a cabo maravillosas rehabilitaciones que han conservado perfectamente la idiosincrasia pizarrosa y azulada del lugar.

Las puertas de las casas que vamos encontrando cuentan con hojas de madera y son, normalmente, adinteladas. La parte baja de la casa se dedicaba a los animales normalmente, o en su defecto como taller de trabajo. Cumpliendo así la casa un rol doble de economía familiar y hogar. Abajo se establecía la bodega, las cuadras o dependencias para los aperos de trabajo. El segundo piso albergaría la vivienda, compuesta por una habitación principal que hace las funciones de hogar y que suele tener una piedra de cantería en el centro que hace las funciones de muela sobre la que encender el fuego. El doblado o troje, estaría en la parte superior de la casa y cumplió un función de almacén de granos y alimentos.

Uno de los elementos más característicos de la arquitectura de Robledillo de Gata son sin lugar a dudas; las balconadas corridas. A menudo con la presencia cercana de secaderos y despensas para el grano y los productos del campo. El espacio llegó a ser tan demandado que la población no dudó en sacar los pisos elevados hacia las calles sobre grandes vigas de madera.

En definitiva. Un lugar imprescindible para conocer la Sierra de Gata. ¿Compartes?