¿Qué sabemos de Moraleja?

Al sur de Sierra de Gata, donde ya no hay sierra sino llanura, se extiende Moraleja, el municipio más poblado de toda la comarca, con unos 7000 habitantes. Esta población serragatina, que no serrana, se presenta hoy como uno de los núcleos más prósperos del noroeste de Extremadura debido, entre otras cosas, a su vocación comercial derivada de la estratégica situación fronteriza con Portugal y de las buenas comunicaciones con las ciudades más importantes del norte extremeño. Esta circunstancia tiene su mejor reflejo en la celebración anual de la Feria Rayana, que desde 2012 alterna su sede con la vecina Idanha a Nova y que se expone como el lugar de encuentro de portugueses y extremeños en aras de establecer lazos económicos, sociales y culturales que promuevan la revitalización de estas zonas fronterizas. Y es que Moraleja, como toda la Sierra de Gata, tiene en su genética popular la condición de frontera desde tiempos inmemoriales.

Aunque a lo largo y ancho del término municipal moralejano se han encontrado vestigios desde la más remota época prehistórica, fue con la llegada de los romanos cuando esta zona adquirió relevancia estratégica y económica al discurrir por ella la calzada que unía Coria, la Caurium romana de la provincia de Lusitania, con el norte y noroeste peninsular, vía que en la Edad Media se conoció con el nombre de Dalmacia/De Almazay. Pero sería durante la etapa islámica, a partir del siglo VIII y en adelante, cuando aquella importancia estratégica antigua se traduciría igualmente en importancia militar puesto que los límites que confinaban al-Andalus con los reinos cristianos del norte quedaron establecidos en las sierras del Sistema Central. Y en aquel contexto debió erigirse la primitiva fortaleza de Milana, quizá sobre un asentamiento rural tardo-antiguo anterior, que junto con otras de la Sierra de Gata conformaron la línea defensiva que tanto cristianos como musulmanes utilizarían para ejercer el control y flanquear el paso serrano sobre la antigua calzada romana.

Puente sobre la Rivera de Gata. Foto: Juan Sixto

Puente sobre la Rivera de Gata. Foto: Juan Sixto

Al abrigo de aquella fortaleza de Milana se concentrarían los primeros pobladores moralejanos aprovechando la fertilidad de las vegas de los ríos Árrago y Ribera de Gata. El topónimo Moraleja podría derivar, pues no se sabe con exactitud, tanto de tales árboles frutales que abundaran por la zona en torno al siglo XII, como a pobladores cristianos que vinieran de alguno de los numerosos enclaves norteños que tienen igual denominación. Sea como fuere, Moraleja quedaría definitivamente integrada en el reino de León a comienzos del siglo XIII cuando la derrota almohade en las Navas de Tolosa propició el rápido repliegue islámico hacia el sur debido al empuje cristiano por la denominada Transierra. A mediados de tal siglo, portugueses, leoneses y castellanos se habían repartido el antiguo reino musulmán de Badajoz y quedó trazada la frontera que aún hoy separa España y Portugal. Se había pasado de la frontera islámico-cristiana a la frontera luso-castellana y después luso-española.

El término de Moraleja, como el de gran parte de la Raya norte-extremeña, pasó a depender de la Orden Militar de Alcántara, cuyos maestres rigieron los designios de estas zonas hasta que la jurisdicción del maestrazgo alcantarino pasó a depender directamente de los reyes de Castilla y Aragón a finales del siglo XV. De aquella etapa aún pervive la Casa o Palacio de la Encomienda. En lo sucesivo, el desarrollo de Moraleja seguiría dependiendo de las relaciones con Portugal y aunque durante un tiempo se mantendrían estables (1580-1640), la Guerra de Restauración portuguesa volvió a crear inseguridad por estos territorios. Fue entonces cuando Moraleja se rodearía, como otros enclaves fronterizos, de un sistema abaluartado (1665) que sin embargo no perduraría en el tiempo puesto que no fue construido de piedra sino de tierra, tepe y fajina. Tan solo las dos puertas del recinto, llamadas de Coria y de Cilleros, subsistieron a duras penas hasta el siglo XIX.

A lo largo de estos siglos Moraleja no sería más que un enclave rural de esta esquina marginada de España y sus habitantes rondarían escasamente el millar hasta que a partir de la segunda mitad del XIX se fuera produciendo un aumento poblacional progresivo. Sería por fin a partir de la construcción del embalse de Borbollón, que convierte campos de secano en regadío, y de la creación de pueblos de colonización en la zona como Mohedas de Gata y Vegaviana en los años 50 del siglo XX cuando se asista al “despertar” de la llanura de Moraleja como centro de relativa bonanza económica en comparación con otras comarcas extremeñas que experimentan por los mismos años una profunda hemorragia poblacional. No quiere decir ello que en Moraleja no hubiera emigración, que la hubo, pero su efecto no fue tan acusado como en otras pueblos de Extremadura, pues Moraleja comenzaba a conformarse como la más próspera de las localidades serragatinas. Así fue, hasta que llegó la crisis, que acrecentó las tasas de paro en Moraleja más que en otros lugares.

Otra vista de la piscina natural que aprovecha el cauce de la Rivera de Gata. Foto: VayaPlaya

Otra vista de la piscina natural que aprovecha el cauce de la Rivera de Gata. Foto: VayaPlaya

No obstante, como decíamos al principio, el territorio moralejano, con sus ganaderías de toros y sus campos de maíz, tomates y otros productos hortofrutícolas, se erige hoy, además, como capital comercial del noroeste extremeño. Todo ello, unido a la consecuente excelencia gastronómica, regada por supuesto por el oro líquido de estas comarcas, aceite Gata-Hurdes, y a tradicionales fiestas como las patronales de San Buenaventura (14 de julio) o la romería de la Virgen de la Vega a la peculiar ermita de la misma advocación (mayo), entre otras, presentan a Moraleja como un atractivo al visitante y al emprendedor, o como un paso obligado, aperitivo, hacia el paraíso que es Sierra de Gata.

 

Moraleja cuenta con las siguientes monumentos y edificios religiosos de interés:

  • Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad. El principal edificio religioso de la localidad, situada en pleno centro de ésta, en la plaza de España, frente al Ayuntamiento. En ésta se celebran la mayoría de las celebraciones religiosas del pueblo. Cuenta con una talla de la Virgen de los Desamparados del siglo XVI, otra de San Ramón Nonato del siglo XVII, una píxide de plata y tres pinturas de Pablo Lázaro.
  • Ermita de la Virgen de la Vega. Situada en un terreno a las afueras de la localidad, en la carretera a Zarza La Mayor. En ella se celebra todos los años, el primer domingo de Mayo, la romería en honor a la Sta. Virgen de la Vega. Ha sido reformada en varias ocasiones en los siglos XIX y XX, hasta llegar a ser sustituida por la ermita actual en 1961.
  • Ermita de las Angustias, se trata de una construcción de finales del siglo XVIII, concretamente de 1787 situada en el centro de la localidad Según la Real Audiencia de Extremadura en 1791, se cita esta ermita con el nombre de Humilladero localizándose en el camino de Coria a las afueras de la población. El hecho de compartir el nombre de ermita de las Angustias, como se conoce en la actualidad, con el de Humilladero, nos hace pensar que en este lugar se asentaba el primitivo edificio de este nombre. Tal edificio se arruinaría a lo largo del siglo XVIII y en 1787 sería rehecho.El edificio es muy sencillo de planta cuadrangular cubierto con una cúpula de media naranja sobre pechinas como muchos del sobrio barroco extremeño.
  • Rollo Picota. La picota no es sólo un símbolo de la jurisdicción que alcanzó Moraleja en 1603 y que le permitía ejercer justicia, sino que es un hito claro de demarcación del territorio, un punto singular en las redes viaria y limitánea. En la red limitánea los vértices se suelen llamar trifinios, cuatrifinios o pentafinios, según confluyan en ellos tres, cuatro o cinco fines o límites. En el caso de la picota nos encontramos con la pervivencia de un cruce de cinco caminos o límites, por lo que es sin duda un pentafinio que ha pervivido con especial significación. Por otra parte es el símbolo de la justicia real y de ciudad realenga, lo cual se otorga a los pueblos que destacaban por su contribución a la Corona en hombres y dinero. También tuvo una función penal, en él se ponía a los reos al escarnio público, era aviso para malhechores, porque en las cuatro ménsulas laterales se colocaban las cabezas de los ajusticiados.
  • La Milana o Torre Milanera, se encuentra en las inmediaciones de Moraleja, en un elevado promontorio de unos 300 metros de altura, ligeramente aplanado, entre las confluencias de los ríos Rivera de Gata y Árrago, en el paraje conocido como Las “Ajuntas”. Se trata de una construcción semicircular que marca claramente el área de emplazamiento, adaptándose a la topografía del terreno; en la parte alta del mismo hallamos un promontorio por el que se accedía al recinto desde el camino antiguo de La Milana. El resto, aparentemente llano, desciende suavemente hacia el extremo de confluencia de los ríos. Esta adptación a la topografía del terreno y a los cursos del río, proporciona una defensas naturales de por si existentes. Aunque no conservan restos de una gran monumentalidad, si se pueden apreciar que los lienzos del encerramiento de protección están compuestos de gruesos muros.
  • La Casa-Palacio de la Encomienda, que sirvió como cuartel en el siglo XIV, perteneciendo a la Orden de Alcántara, y que llegó a acoger al rey Felipe II. Su propiedad es privada, y desde el año 2011 está en venta, para que se pueda restaurar, y conservar lo que queda del pasado.