Guadalupe Ordóñez Tello.

Los molinos de agua

En las sociedades preindustriales, los molinos de agua y de todo tipo, junto con el resto de las llamadas industrias tradicionales de las que los batanes y los martinetes  eran  las más representativas, alcanzaron una gran importancia no sólo desde el punto de vista económico  sino  también social y cultural. Las transformaciones de cereales en harina y la obtención de aceites de oliva o de vino son los tres pilares de la economía antigua, de los que la Sierra de Gata no ha quedado exenta. En esta comarca el papel mayoritario del aceite como producción frente a la del cereal o la vid, marcó una tipología determinada en la configuración urbanística de nuestro entorno que ha derivado en la actualidad en un conglomerado de edificaciones.

El molino de agua o hidráulico, como edificio singular  forma parte del paisaje de Sierra de Gata  y se esparce por ella formando en ocasiones largos cordeles a lo largo de los ríos. Se trata de fábricas que conformaron un modelo económico muy característico y que hoy se mantienen en pie en estado de serio deterioro. Eran edificios que seguían un modelo constructivo muy tradicional mampostería, sillarejo o tapiales  haciendo uso de materiales autóctonos, el granito o la pizarra. El proceso de transformación de la aceituna en aceite pasaba por cuatro fases en su elaboración: recogida, depósito, molienda y finalmente prensado. Hasta la llegada de la electricidad, la fuerza del agua era la fuente de energía con la que se realizaba esta transformación y el molino de agua el tipo de fábrica en la que se ejecutaban estos procesos, de ahí la evidente ubicación de los edificios cerca de los cursos fluviales, la misma  para los molinos harineros a donde los vecinos acudían con el grano para obtener la harina con la que luego en los hornos públicos elaboraban el pan.

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Restos de la noria del Molino de la Rueda. Hernán-Pérez. Foto: Inforaya.es

Podemos afirmar que el molinero aceitero, almazara o fábrica de aceites es el único equipamiento de carácter industrial significativo con el que ha contado la comarca a lo largo de su historia económica, siendo la introducción del vapor y la electricidad los motores de cambio más significativos en el siglo XIX y XX, hecho que no impide que algunos de los molinos de nuestra zona  todavía funcionen con fuerza hidráulica, como lo fue el caso del de Perales del Puerto. No obstante hay que tener en cuenta también el empleo de la fuerza animal para la molienda “a sangre” en época de sequía.

La crisis del sector olivarero muy acentuada a partir de la primera mitad de este siglo, supuso la reducción de la producción, la falta de rentabilidad y como resultado el cierre y abandono de la práctica totalidad de los molinos de agua o hidráulicos de la Sierra de Gata. Esto supuso el desmantelamiento de las maquinarias y el de las estructuras arquitectónicas para su reutilización o venta (carpintería, elementos de cubierta, ornatos de avenidas, etc) hecho que explica el estado de ruina total en el que se encuentran en estos momentos  la casi totalidad de unas edificaciones que han estado en funcionamiento hasta hace cuarenta años.

Otra de las razones de este deterioro es la circunstancia de que la localización de la mayoría de ellos se sitúa lejos de los cascos urbanos junto a los cauces fluviales y en medio de parajes naturales no controlados. En cuanto a su tipología, no existe un patrón determinado ya que se trata de unas instalaciones que han desarrollado una intensa actividad económica de muchos siglos, aún así podemos distinguir una serie de rasgos que las caracterizan como es la misma ubicación en ríos y arroyos con caudales permanentes, dándose la misma concentración en la Rivera de Gata o en la Rivera de los Lagares, en zonas próximas a las localidades. A estos molinos de agua iría a parar la cosecha recogida directamente de los campos  y una vez efectuada la molienda o la molienda y el prensado en el caso del aceite, sería transportada ya como producto de consumo local.

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Oculto junto a la carretera, el magnífico molino de la Paloma en Santibáñez el Alto. Foto: Inforaya.es

Por otro lado la mayor separación entre molinos es perceptible en los cauces de mayor estiaje, en tanto que los emplazados en riberas de abundante caudal como los de la Torre de Don Miguel, Gata o Villamiel, aparecen muy próximos o unos a continuación de otros.

En la primera década del siglo XX, la comarca de la Sierra de Gata atraviesa una corta fase de estancamiento para crecer después de una forma tan rápida especialmente durante la dictadura de Primo de Rivera que en 1935 casi triplicaban ya los frutos obtenidos treinta años antes (edad de oro del olivar español). A lo largo del primer franquismo la gran magnitud alcanzada por el estraperlo  hizo que las almazaras proporcionaran unos extraordinarios beneficios a sus propietarios. Por eso su número creció de una forma sustancial durante los años cuarenta y cincuenta, sobre todo en la provincia de Badajoz  y en nuestra comarca, al mismo tiempo que se producía tanto una notable modernización el utillaje técnico empleado (siguieron disminuyendo tanto las prensas de viga, torre o husillos en beneficio de las hidráulicas) como un avance de los sistemas de accionamiento (especialmente los electromotores) y un aumento de la capacidad de molturación permitida por las fábricas.

Pero este crecimiento sólo se sustentó en los elevados precios que los dueños de las fábricas, molinos, orejeras, refinerías, desdobladoras obtenían con la venta del mercado negro de una buena parte de sus respectivas producciones, de forma que cuando esta desapareció muchos molinos ya no fueron tan rentables como antes. Por eso cuando a finales de la década de los cincuenta se mitigó, muchas almazaras tuvieron que cerrar o al menos sufrieron la reconversión tecnológica y es el resultado del actual estado de abandono de la gran mayoría de nuestros molinos.