Juan Rebollo Bote

Sabido es que los accidentes geográficos han actuado históricamente como demarcaciones separadoras de diferentes ámbitos político-culturales. Ejemplo de ello lo tenemos en el mismo carácter peninsular de Iberia, Hispania, o en las numerosas cordilleras montañosas y cursos fluviales que han determinado la riqueza y diversidad de España y Portugal. Pues bien, las sierras más occidentales del Sistema Central llevan actuando de límites inter-territoriales desde la noche de los tiempos, no solo entre el norte y el sur sino también entre el este y el oeste. Quizás estemos hablando de la frontera más antigua del interior de la península Ibérica.

Antes, mucho antes de constituirse la raya luso-española (la frontera estable más longeva de Europa), las Sierras de la Estrella, la Sierra de Gata y Hurdes ejercieron de confines de horizontes culturales relativamente diferenciados, aunque mezclados, como fueron, grosso modo: el Bronce Atlántico y las Cogotas de la cuenca del Duero en la prehistoria; los pueblos lusitanos y vetones con el eje separador este-oeste del río Côa y su continuación serrana en época prerromana y romana; o entre territorio andalusí y el no andalusí en el periodo alto y pleno-medieval (siglos VIII-XII/XIII). Probablemente fuese la distinción étnica la que determinó originariamente la conformación de las circunscripciones episcopales tardo-romanas de Egitania/Idanha a Velha en el lado lusitano  y de Caurium/Coria en el lado vettón.  Ello debió tener prolongación en la primera etapa islámica puesto que ambos distritos se englobaron en provincias distintas (Laŷdāniyya/Idanha y Mārida/Mérida). Ya avanzada la Edad Media los reinos cristianos norteños se servirían de la guerra, pero también de aquella tradición territorial, para establecer sus fronteras serranas, quedando la de la Estrella (Serra da Estela)  para Portugal y las de Gata y Hurdes (o Jurdis) para León. A partir de aquí, la continuidad imperó sin alteraciones sustanciales hasta la actualidad.

Capilla de San Sebastián Idanha Velha

Capilla de San Sebastián. Idanha Velha. Foto: Wiki

Sin embargo, al sur de estas sierras la geografía no presentaba, ni presenta, accidentes naturales que decidieran la separación territorial para uno u otro reino cristiano. Contrariamente a las fronteras naturales que tiene Extremadura por el norte con respecto a Castilla y León (Sistema Central), por el este con Castilla-La Mancha (Montes de Toledo y “pico” del Guadiana) o por el sur con Andalucía (Sierra Morena), el occidente extremeño se funde con el actual país portugués sin oposición alguna. Tal vez fuera por ello que a lo largo de la Historia las influencias atlánticas prehistóricas se internaran por los cursos medios del Tajo y del Guadiana, los romanos crearan como crearon la extensa provincia de la Lusitania, o los musulmanes organizaran su frontera occidental como Marca Inferior (tagr al-Adnà) y después se constituyera en reino-taifa de Badajoz. Por tanto, vemos como solo la excepción de la frontera natural de las sierras de la Estrella y de Gata rompen la relativa uniformidad regional que el suroeste peninsular mantuvo hasta la llegada de los cristianos del norte.

El magnífico puente de Alcántara sobre el río Tajo marca en este sentido un hito histórico determinante en clave fronteriza, tanto norte-sur como este-oeste. A la llegada de los romanos los lusitanos habitaban la zona alcantarina y, como tales, quedarían englobados en el ámbito administrativo egiditano. El territorio alcantarino seguiría comprendido en la jurisdicción de Egitania hasta finales del siglo IX, cuando el espacio al norte del Tajo quedó desestructurado del ámbito andalusí, actuando durante casi un siglo como tierra de nadie. En este contexto el núcleo de Alcántara aumenta su entidad político-militar y relevancia estratégico-económica, erigiéndose desde entonces en cabeza principal de la frontera de al-Andalus en la cuenca del Tajo occidental. Siglos después (XII-XIII), al norte de aquel río, la divisoria entre Portugal y León quedaría definida, como dijimos, siguiendo pautas geográficas además de políticas. Al sur, alem Tejo, la mayor  homogeneidad orográfica y la más estable organización islámica condicionaría diferentemente la conformación de la nueva frontera. Así, las áreas rayanas al norte del río Tajo presentan la particularidad de haber ejercido de manera casi ininterrumpida como confines territoriales desde todos los puntos cardinales.

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la Sierra de la Estrella ha estado vinculada históricamente a Extremadura y la Raya. Foto: Wiki

La eterna condición fronteriza tiene, como vemos, causas geográficas e históricas. Y las consecuencias de todo ello han sido diversas: negativas y positivas. Las primeras, ya se intuyen: inseguridad, guerra, marginación, olvido, pobreza, analfabetismo, emigración, etc. Las segundas, son muy desconocidas y escasamente valoradas: naturaleza virgen, autenticidad, tradiciones intactas, tranquilidad rural, riqueza cultural, etc. Podríamos profundizar en cada una de estas cuestiones, muy relevantes e interesantes de analizar todas, pero se saldría de la pretensión inicial de este texto. No obstante, dejando para otra ocasión las singularidades de la naturaleza y el folklore de estas comarcas norte-extremeñas, resultado igualmente de su devenir histórico, sí se pueden apuntar, a modo de ejemplo, algunas de las esencias propias de estas latitudes de frontera.

De una parte, es imposible no reseñar el marcado carácter militar de estos espacios. El mejor ejemplo, que no el más antiguo, podríamos reconocerlo en las luchas que por estas zonas se darían entre los indómitos lusitanos y sus aliados vettones contra el invasor romano. Este último finalmente se impondría y construiría excelentes puentes sobre el Tajo y una calzada que desde Coria atravesaría la Sierra de Gata en dirección norte. Aquella vía de comunicación, conocida después como Dalmacia (De Al-Mazay), estructuraría el territorio también en época musulmana, y en torno a ella se erigirían fortalezas que ejercieran el control sobre la misma y sobre los pobladores de la frontera andalusí (mozárabes, muladíes, beréberes y judíos). Las fortificaciones de San Juan de Máscoras, conocida actualmente como Castillo de Santibáñez el Alto, la Almenara (Gata), Milana (Moraleja) o el Castillo de Trevejo, y quizá el yacimiento de Salvaleón (Valverde del Fresno), hunden sus cimientos y topónimos en aquel período islámico. Ya en época cristiana serían los concejos de Ciudad Rodrigo y Coria, así como las Órdenes Militares, principalmente la de Alcántara, los que se apropiarían del noroeste extremeño. Entonces los aires de frontera llegarían por donde se ponía el sol.

orden de alcántara

La Orden de Alcántara jugó un papel fundamental en la Edad Media del oeste peninsular. Foto: Azuanet

Y así, con Portugal al oeste, comenzó otra etapa pero continuó la inseguridad, pues los conflictos militares acecharon en numerosas ocasiones la Sierra de Gata. No obstante, la frontera ofreció también oportunidades, legales e ilegales, por las que los serragatinos obtuvieron oficios y beneficios. El comercio y el bandolerismo, y con ello también los lazos de parentesco “internacionales”, se mantuvieron a raya, nunca mejor dicho, por los siglos de los siglos. Productos como el café, el tabaco, el vino o el aceite corrieron, sí, corrieron, a uno y otro lado de la frontera hasta el pasado siglo XX. Cilleros y el valle del Jálama (Xálima) se aprovecharon de la condición fronteriza y enriquecieron su acervo cultural y el de toda la comarca. La marginación y el olvido al que estuvieron sometidas estas zonas favoreció la actividad bandolera y la conservación de tesoros como el dialecto galaico-portugués de os tres lugaris, la fala de Eljas, Valverde del Fresno y San Martín de Trevejo (As Ellas, Valverdi du Fresnu, Sa Martín de Trevellu). También la gastronomía salió favorecida de aquellos intercambios, véase el moyu de bacalao.

Visto lo visto, podemos concluir diciendo que existe un lugar en la península Ibérica, alejado de todo, confín, salvaje, auténtico, mixto y con una Historia difícil y rica, que representa como ningún otro lo que significa ser eterna frontera. Y solo hemos hablado de la frontera física, pero no de la mental y psicológica, que también se dió por estos lares. Ya saben, las Hurdes y su alejamiento del mundo hasta hace poco más de un cuarto de hora. Pero, ¿de verdad era alejamiento del mundo o, por el contrario, estaban más cercanos al mundo de lo que estamos ahora? En cualquier caso, referirse a esta zona noroeste extremeña como rincón por descubrir y reflexionar cobra todo el sentido del mundo en los días que vivimos hoy.